• Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

    Deu 6:4-9
  • ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!

    Sal 133:1
  • ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!

    Sal 133:1
  • ¡Siempre bienvenido!

    Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.

    Isa 55:12
  • Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.


    Sal 32:8

COMUNIDAD CRISTIANA EBEN-EZER DE LA VILLA DE VALLECAS
Calle Sierra Tortejada, 2 (Metro “Congosto”).
28031-Madrid.

¡BIENVENIDOS!

¿QUIÉNES SOMOS?

LA COMUNIDAD CRISTIANA EBEN-EZER es una asamblea cristiana evangélica formada por quienes deseamos vivir en el seguimiento de nuestro Señor Jesucristo como Camino, Verdad y Vida; adorar a nuestro Padre Dios en Espíritu y Verdad, y comunicar el Evangelio del Reino de Dios y de la Gracia: Las Buenas Noticias de la salvación –perdón de pecados y don de la vida eterna-  que Dios nos regala en Jesucristo por su sacrificio en la Cruz del Calvario, donde ocupó nuestro lugar de juicio y castigo, y a quien recibimos por medio de la Gracia Soberana de Dios, quien nos concede por su sola misericordia los dones del arrepentimiento de nuestro pecado y la gracia de la fe.
Procuramos que nuestra norma de vida y de práctica sea la que se desprende de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras judeo-cristianas –La Santa Biblia- conforme a la doctrina de nuestro único Maestro, Señor y Salvador Jesucristo, bajo la iluminación y dirección del Espíritu Santo, descartando todas las enseñanzas y tradiciones ajenas al principio de “Sola Gracia, Sola Fe y Sola Escritura”.
Procuramos colaborar en la extensión del Evangelio del Reino de Dios y de la Gracia Divina, como parte integrante de la Iglesia de Jesucristo, mediante nuestro compromiso con la propia asamblea local y la obra misionera nacional e internacional, a través de diversos ministerios de carácter cristiano evangélico.

↑↑ 

¿QUÉ CREEMOS?

Hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla. De modo que las Sagradas Escrituras son nuestra norma suprema de fe y de práctica. Los puntos más distintivos de nuestra fe son los siguientes:
Creemos en Dios, Creador y Sustentador Soberano del universo, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es Mesías prometido a Israel y Deseado de todas las naciones.
Creemos que Dios llama a los mundos para que existan, creó a la estirpe humana a su imagen y semejanza, y puso y pone ante la humanidad los caminos de la vida eterna y de la muerte eterna.
Creemos en Jesucristo, el Verbo de Dios, quien es Dios, y fue hecho carne para habitar entre nosotros, como uno de nosotros, y dar su vida por nosotros, cumpliendo así el sentido de su nombre profético: Emanuel, Dios-con-nosotros, quien es el mismo ayer, y hoy y por los siglos; y es, por su doble naturaleza de Dios verdadero y hombre verdadero, nuestro único mediador entre Dios Padre y los hombres.
Creemos que Dios nos ha amado tanto, a pesar de estar muertos en nuestros delitos y pecados, que ha dado en su Gracia soberana a su Hijo Unigénito Jesucristo, para que todo aquel que cree en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna.
Creemos que Dios busca en su santo amor salvar a todos los seres humanos de la desorientación espiritual y del pecado, es decir, de la desobediencia a la voluntad divina.
Creemos que Dios juzga y juzgará al ser humano y a las naciones por medio de su justa voluntad, declarada habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras, a los padres en la fe por los profetas, y en los últimos tiempos por su Hijo Jesucristo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.
Creemos que en Jesucristo, nuestro Señor crucificado y resucitado, Dios ha venido a nosotros en esa relación paterno-filial para compartir nuestra naturaleza y condición, ha vencido al pecado y a la muerte y ha ofrecido de esa manera la reconciliación de los humanos para sí mismo, recibiendo en la Cruz del Calvario el castigo que nosotros merecemos por nuestros pecados.
Creemos que Dios nos concede la presencia y la unción de la bendita Persona del Espíritu Santo para movernos hacia el arrepentimiento del pecado y la fe en Jesucristo, sellarnos como propiedad adquirida al precio de la sangre derramada por Jesucristo en la Cruz del Calvario, bautizarnos con poder de lo alto y darnos dones, ministerios y operaciones para la edificación de la Iglesia de Jesucristo y la salvación de los perdidos.
Creemos que Dios nos concede su Santo Espíritu que crea y renueva la Iglesia de su Hijo Jesucristo y nos une en un pacto de amor y fidelidad a personas de todos los orígenes, culturas, trasfondos religiosos, lenguas y edades.
Creemos ser fieles a Jesucristo y a los primeros cristianos manteniendo a la Iglesia separada del Estado Secular, por cuanto creemos que el sostén material de la Iglesia corresponde exclusivamente al pueblo de Dios y forma parte integrante de nuestra mayordomía cristiana.
Creemos que Dios  nos llama como parte de la Iglesia de su Hijo Jesucristo, de la cual sólo Jesucristo es cabeza, y sólo su Santo Espíritu es Vicario, para que aceptemos el coste y la alegría del discipulado; para que seamos sus colaboradores en el servicio de nuestros prójimos, primeramente llevándoles el Evangelio del Reino y de la Gracia Divina, y también procurando satisfacer las necesidades inmediatas materiales de los necesitados; para proclamar el Evangelio por todo el mundo y resistir los poderes del mal; para practicar y defender la libertad de conciencia para todos los humanos; para compartir el bautismo de Jesucristo en las aguas con fe personal, comer de su mesa conmemorativa de acción de gracias por su sacrificio, y unirnos a Jesucristo por el Espíritu Santo en su pasión y victoria.
Creemos que Dios promete a toda persona que confía en Jesucristo el perdón de los pecados y la plenitud de la Gracia Divina, valor en la vivencia de la fe que obra por el amor, su presencia en las alegrías y en los pesares, perseverancia en el seguimiento de Jesucristo como Camino al Padre, y vida eterna en el Reino de Dios que vendrá en plenitud con el Segundo Adviento de Jesucristo hecho Señor y Mesías para establecer cielos nuevos y tierra nueva.
Creemos que si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Creemos que en el día postrero, el Gran Día de Dios, Jesucristo descenderá del Santuario Celestial, donde ahora intercede por nosotros como Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec, para levantar a todos cuantos vivieron y durmieron en la esperanza mesiánica y fueron temerosos de Dios con la luz de que dispusieron, y para glorificar a los discípulos vivos, y trasladarnos a los unos y a los otros a los Cielos para celebrar las Bodas del Cordero y reinar con Cristo durante mil años.
Creemos que Jesucristo, según sus promesas, ha ido a preparar lugar para los redimidos en la Casa del Padre, donde hay muchas moradas, y de donde vendrá para tomarnos a cuantos le esperamos, pues su deseo es que estemos donde Él está.
Creemos que los otros muertos, todos los que rechazaron la Gracia de Dios viviendo impiamente, serán despertados después del milenio, y capitaneados por Satanás -¡Dios le reprenda!- saldrán para batallar contra Jesucristo y los santos de la Nueva Jerusalem que habrá descendido del cielo. Entonces Dios hará descender fuego del cielo y los consumirá.
Creemos que Dios creará nuevos cielos y una tierra nueva. Dios morará con los redimidos y enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas habrán pasado.
Creemos que nada inmundo podrá acceder al Reino de Dios y de Cristo. Todos los impíos dejarán de ser, como la grasa de los carneros, y no quedará de ellos ni raíz ni rama. ↑↑ 
¿CUÁL ES NUESTRA VISIÓN DE JESUCRISTO?
Jesús de Nazaret nació hace más de dos mil años en una pequeña aldea llamada Belén de Judá, a las afueras de Jerusalem. Durante sus primeros treinta años compartió su  vida y trabajo en un sencillo hogar y en un pequeño taller de carpintería. En los tres años siguientes, salió enseñando la cercanía del Reino de Dios, sanando a los enfermos y liberando a los poseídos de malos espíritus. Llamó a doce hombres corrientes para que fueron sus apóstoles, es decir, sus enviados.
Jesús no dispuso de dinero. Tampoco escribió libro alguno, ni dirigió un ejército, ni desarrolló ningún poder político, ni recurrió a autoridades civiles ni militares en busca de fondos ni apoyo. No ordenó construir ningún templo. Nunca ordenó que estableciéramos un sistema religioso organizado, al estilo de los reinos de este mundo. No se desplazó a más de trescientos kilómetros en ninguna dirección. Su vida de amor despertó envidia y odio en las autoridades religiosas y civiles. Le juzgaron empleando falsos testigos, y fue ejecutado a los treinta y tres años de edad sobre una cruz del imperio romano por el delito de ser “Rey de los Judíos”, cuando sólo el César de Roma podía ser rey. Pero Jesús ponía su vida en rescate por las nuestras.
Hoy somos casi dos mil millones de personas quienes confesamos ser cristianos por la gracia de Dios, y reconocemos y adoramos a Jesucristo como Hijo de Dios, como Dios con nosotros, como templo de Dios en carne, por cuanto en Él estaba Dios reconciliando al mundo consigo mismo. Nuestra experiencia con Jesucristo nos hace ver a Dios en la naturaleza como nuestro Padre amado; en la persona de Jesucristo descubrimos a Dios como Hijo Unigénito, y, por lo tanto, como nuestro Hermano Mayor; y en la vida cotidiana encontramos a Dios en la persona de su Santo Espíritu. Jesucristo es nuestro camino para encontrarnos con Dios. Él es el Camino, y la Verdad, y la Vida. Aprendemos de Jesucristo leyendo las Sagradas Escrituras y dejándonos guiar por su Espíritu Santo.
Jesús enseñó y enseña a confiar en Dios como Padre misericordioso, y a orar a Él encomendándole todas nuestras necesidades. Jesús nos ha mostrado y nos muestra que somos seres preciosos, hijos e hijas de un mismo Padre, y que, por consiguiente, hemos de tratarnos con amor, respeto y perdón. Jesús vivió cuanto enseñó en el trato con todos cuantos tuvieron un encuentro con Él, sanando a los enfermos, liberando a los oprimidos, compartiendo con los necesitados, y perdonando incluso a los que le crucificaron.
Las acciones de Jesucristo, por sí solas, no le hubieran conducido a la muerte en la cruz, como si hubiera sido un criminal: Pero sus enseñanzas fueron un desafío frente a las creencias y prácticas religiosas y morales de su momento, y creemos que de cualquier época. Jesús proclamó ser el único Camino a Dios. Sobre todo, señaló que su sacrificio vicario era el medio establecido por el Padre para traer a los hombres de vuelta a la comunión con Dios. También profetizó que sería levantado de entre los muertos en el tercer día después de su muerte. Cuando tres días después, efectivamente, sus discípulos experimentaron varios encuentros con Él, aquellos hombres y mujeres, decepcionados, vencidos y atemorizados fueron transformados en gozosos y valientes proclamadores del Evangelio del Reino de Dios y de su Gracia.
Aquel mensaje del Evangelio ha llegado hasta nuestros días y hasta este lugar, y es la razón de nuestra existencia. Y lo que es más importante: Es la razón por la que hay muchos millones de hombres y mujeres en todo el mundo que reivindicamos haber experimentado un encuentro espiritual con Jesucristo vivo, y que en Él se encuentra la luz de la vida.
¡Que Dios os bendiga!

↑↑ 

¿CUÁLES SON NUESTROS PRINCIPIOS?

La absoluta soberanía de nuestro Señor Jesucristo sobre todos y cada uno de los hombres y mujeres que formamos su Iglesia.
Las Sagradas Escrituras, como única regla de fe y práctica. En ellas hallamos la fuente inagotable de inspiración cristiana. Es en las Escrituras donde debemos examinar nuestra conciencia y donde hemos de forjar nuestro carácter y personalidad.
La fe personal en Jesucristo. Este es el principio supremo de toda la experiencia cristiana. Jesucristo es el único que ha recibido toda potestad en los cielos y en la tierra, por lo que posee preeminencia absoluta sobre todo lo creado. No hay otro nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos. Jesucristo es el Señor.
El derecho al libre examen de las Sagradas Escrituras, buscando siempre la dirección del Espíritu Santo. Las Sagradas Escrituras son para el pueblo, no para unos pocos, ni para una clase o casta de personas, por cuanto Dios no hace acepción de personas.
La administración congregacional de la asamblea cristiana, por cuanto nadie es objeto en la Iglesia de Cristo, sino que todos somos sujetos llamados y capacitados por el Señor para poner a sus pies los dones, ministerios y operaciones que el Espíritu Santo distribuye entre los discípulos y discípulas de Jesucristo.
La vivencia de la fe cristiana en asambleas de amigos de Jesucristo, sus hermanos menores, como Él mismo nos ha llamado, sin jerarquías eclesiásticas semejantes a las instituciones del mundo, lo que nos constituye a todos en obreros en la extensión del Evangelio, lo más opuesto a una asociación de espectadores. Sólo hay un Padre Eterno, sólo hay un Maestro, y todos nosotros somos hermanos.
Rechazamos, por tanto, entre nosotros las jerarquías sistemáticas, sobreregimentadas e impersonales, por lo que entendemos y procuramos vivir la comunidad como un abrazo que reúne a niños, mujeres y varones para facilitar su desarrollo global.
La separación radical de la Iglesia y el Estado, por cuanto ésta depende del Reino de Dios –no de los reinos de este mundo- y existe para su proclamación y servicio. La historia demuestra que la unión del altar y del trono, de la cruz y la espada, jamás ha sido beneficiosa para la extensión del verdadero Evangelio, sino, por el contrario, para deformar el Evangelio y la labor y funciones de la Iglesia de Cristo.
El respeto a las autoridades civiles, siempre que no contradigan las enseñanzas del Señor en su Palabra, por cuanto hemos de ser siempre y en todo fieles a Dios antes que a los hombres.
La libertad de conciencia para todos los humanos, como don otorgado por Dios, con  la resultante libertad religiosa igualmente para todos, procurando distinguirla de la mera tolerancia de parte de los gobernantes.
La mayordomía cristiana para el sostén de la Iglesia y su labor, con la entrega voluntaria, alegre, secreta y solemne de nuestros diezmos y ofrendas.
La responsabilidad de evangelizar encomendada por nuestro Señor a todos sus discípulos, proclamando la salvación eterna que Dios nos ofrece en Cristo Jesús por su sacrificio en la Cruz del Calvario, siendo justificados por la fe de Cristo, que es don de Dios, para que nadie se gloríe.
La responsabilidad en el bien hacer, caminando bajo la dirección del Espíritu Santo por las obras buenas que nuestro Señor ha preparado de antemano para que andemos por ellas. 
La Santa Ley de Dios es la norma eterna e invariable de su gobierno moral, por cuanto los Mandamientos del Señor son todos santos, justos y buenos; siendo la única causa de incapacidad para andar en ellos nuestra propia naturaleza pecadora. De ahí que la Gracia Divina no sea para pasar por alto nuestros quebrantamientos de la Santa Ley de Dios, sino, antes bien, la fuerza y el poder para que, en lugar de contemplar dichos Mandamientos como cargas pesadas, los veamos como delicias que anhelamos obedecer por amor a Jesucristo.
La autonomía e interdependencia de las asambleas cristianas, unidas fraternal y voluntariamente para conseguir metas que por separado serían inalcanzables.
El culto espiritual a Dios, es decir, buscando la dirección del Espíritu Santo en consonancia con la enseñanza de las Sagradas Escrituras, procurando que nuestro culto de adoración sea sumamente gozoso, y al mismo tiempo reverente, no un teatro o salón de entretenimiento, sino que facilite nuestra alabanza a Dios, acción de gracias, arrepentimiento y confesión de nuestros pecados, intercesión por todos los cristianos y proclamación del Evangelio; y al mismo tiempo sea un culto sencillo, es decir, procurando la adoración y la oración extemporáneas, en evitación del abuso de liturgias formalistas que pueden conducir a repeticiones mecánicas y vanas.
Los ministerios constituidos por nuestro Señor: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros, como siervos de Dios y de la Iglesia de Jesucristo, no como “señores” del rebaño.
La comunión con otras confesiones y tradiciones cristianas, sintiéndonos hermanos de todos cuantos creen y proclaman a Jesucristo como único Señor y Salvador.

↑↑ 

TE INVITAMOS A RECONCILIARTE CON DIOS.

Hay quienes responden a la llamada de Jesucristo ignorándole; algunos deliberadamente le rechazan; también hay quienes dejan su decisión para otro momento; muchas personas encuentran dificultad en orar, generalmente porque aprendieron rezos repetitivos que han olvidado o que han perdido sentido para ellos precisamente por su carácter recurrente.
A veces las palabras vienen fácilmente. A veces el silencio resulta demasiado ruidoso. Pero Dios conoce nuestras necesidades y nos espera pacientemente a que abramos nuestro corazón ante Él.
Quizá te puede ayudar dirigirte a Dios con estas sencillas palabras:
“Padre nuestro que estás en los Cielos: He pecado contra ti y contra otros, en pensamiento en palabra, en obra y en omisión.
Reconozco que he pecado por mi negligencia, por mi debilidad, por mi propio acto deliberado. Siento dolor por mis pecados, por los cuales Jesucristo sufrió en mi lugar en la Cruz del Calvario.
Perdóname, Señor, y permíteme iniciar una vida nueva con la mirada puesta en tu Hijo Jesucristo.
Señor, ten misericordia de mí y límpiame con la sangre preciosa que Jesucristo derramó en mi lugar. Gracias, Padre, por haberme amado tanto como para dar a tu Hijo Jesucristo en rescate por mi vana manera de vivir.
Señor Jesucristo, Tú que dijiste “venid a mí todos”, y “al que a mí viene, yo no lo echo fuera”, ven a mi vida y dame luz para emprender un camino nuevo siguiéndote como mi único Señor y Salvador personal,  eterno y todo suficiente. Amén” ↑↑ 

NUESTRAS ACTIVIDADES:

Domingos: A las 11:00 de la mañana: Escuela Dominical (estudio bíblico) graduada para todas las edades.
A las 12:30 y a las 7:00 de la tarde: Cultos de Adoración y Celebración de la Palabra de Dios.
Primer Domingo de mes, celebración de la Mesa de Acción de Gracias en el Culto de las 7:00 de la tarde.
Lunes, Miércoles y Viernes, a las 8:00 de la tarde: Reuniones de Alabanza, Oración y Estudio Bíblico.
Sábados, diversas actividades del grupo de jóvenes.
Primer Sábado de mes, a las 7:00 de la tarde, encuentro de la Unión de Damas Dorcas y de la Unión de Varones Eben-Ezer.
Primer Miércoles de mes, distribución de ropa (según disponibilidad) entre las 3:00 y las 6:00 de la tarde.
Todos los Viernes (según disponibilidad), entre las 4:00 y las 7:00 de la tarde, distribución de alimentos.

↑↑ 

NUESTROS PASTORES:  

  • Joaquín Yebra.
  • Antonio Martín y Marta Pérez.
  • Contestador: 91-332 50 88.
  • Nuestros programas radiofónicos:  www.arasdelsuelo.com
  • Nuetro email:comunidad@ebenezer-es.org↑↑