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Estudios biblicos www.ebenezer-es.org Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos

CAMPAMENTO EN PINOS REALES 2000:
TEMA DE LA SESIÓN PLENARIA: "Joven, a ti te digo, busca la santidad."

Pr. Joaquín Yebra, Comunidad Cristiana Eben-Ezer, Vallecas-Villa.

Nuestra palabra castellana "santificación" tiene su origen en los términos latinos "sanctus": "santo", y "facere": "hacer", y corresponden al griego "hagiasmos": "santidad", voz que significa "separación para Dios": 1ª Corintios 1:30. Esta separación para Dios presenta dos aspectos: Uno de ellos corresponde a una santificación posicional. Un regalo instantáneo que Dios concede al creyente en el momento de su salvación, al abrir su corazón a Jesucristo como Salvador y Señor personal. Es una regeneración que el Espíritu Santo realiza, apartando al creyente para cumplir un plan divino específico. Antes de esta operación del Santo Espíritu de Dios, el hombre (varón o mujer) vivía dedicado exclusivamente a intereses carnales. A partir del momento de su regeneración, el creyente es apartado, separado por Dios para vivir y realizar propósitos sagrados: 1ª Corintios 6:11.

El sentido de apartar o consagrar tiene su referencia bíblica en el Antiguo Testamento: La consagración de Aarón y de sus hijos: Éxodo 30:30. La separación de los Levitas de entre los hijos del pueblo de Israel: Números 8:14. E incluso la designación de los utensilios sagrados en el Tabernáculo: Éxodo 30:29.

La santificación inicial o posicional es la experiencia de todos y cada uno de los creyentes nacidos de nuevo. No es obra del esfuerzo humano, pues se trata de un estado al que se accede sólo, única y exclusivamente por la sola gracia y la sola misericordia de Dios, en el momento del nuevo nacimiento: Hebreos 10:10.

De aquí se desprende que los seguidores de Jesucristo sean frecuentemente definidos en el Nuevo Testamento como "santos", del griego "hagioi": 1Corintios 1:2.

Ahora bien, la santidad no sólo es posicional, sino que también es un proceso de santificación, y, por consiguiente, es progresiva: Juan 17:17; 1ª Tesalonicenses 5:23.

Un hijo de Dios no puede quedarse inactivo en la "cuna" del nuevo nacimiento por la gracia de Dios. El Señor no nos regenera para que permanezcamos inactivos. Por eso es que la santificación del creyente requiere que nos nutramos de la Palabra de Dios y de la oración: Juan 17:17-19.

Con la ayuda del Espíritu Santo podemos resistir la tentación, así como crecer en obediencia a la santa voluntad de Dios: Romanos 8:13; 6:19.

Para el creyente nacido de nuevo, la santificación es una operación diaria. Es una combinación de la capacidad volitiva del hombre -nuestra propia voluntad- y del poder divino. En la medida en que el creyente decide cada día entregarse enteramente al Señor, el Santo Espíritu le capacita fortaleciendo la fe, la esperanza y el amor. La constancia de esta entrega es el campo en el que el Santo Espíritu de Dios derrama instrucción espiritual y una mayor medida de la morada del Espíritu: Juan 7:17.

Por medio de esta cooperación humana y divina en la santificación progresiva, los santos crecen en santidad. La condición dada por la sola gracia de Dios, y el estado temporal del creyente, se inter-relacionan, hasta el día en que, en la presencia de Dios, seamos glorificados. Esto significa que la absoluta perfección impecable no puede ser alcanzada en esta vida. No importa cuán consagrada sea la vida de un hijo, de una hija de Dios, la total ausencia de pecado es imposible: 1ª Juan 1:5-10.

Algo de suma importancia es saber que las Escrituras enseñan que la santificación es obra del Espíritu Santo: Romanos 15:16; 2ª Tesalonicenses 2:13.

Sólo el Espíritu Santo puede capacitar al espíritu humano para mantener comunión con el Señor.: Filipenses 3:3.

Y aunque la ministración del Espíritu Santo es inherente a todo discípulo de Jesucristo, aquellos a quienes Él ha llenado (Hechos 2:4), y que retienen esa plenitud, serán siempre más sensibles a su dirección: Romanos 9:1.

El crecimiento progresivo y constante en estatura espiritual es del todo imposible sin buscar en oración ser llenos del Espíritu Santo: 1ª Tesalonicenses 5:17.

El ejercicio diario de la oración no ha de considerarse una obligación rutinaria, sino el deseo ardiente de comunicarnos con el Señor y experimentar la llenura de su gracia en nuestra alma. Cuando vemos la oración desde esta perspectiva, entonces su práctica se vuelve una experiencia en la que somos refrescados, fortalecidos, instruidos, consolados y santificados.

La Palabra de Dios desempeña también una función vital en el proceso de la santificación, por cuanto nuestro crecimiento debe ser en la gracia y en el conocimiento del Señor: 2ª Pedro 3:18.

No olvidemos que la oración y el ministerio de la Palabra eran prioridades absolutas en el pensamiento apostólico: Hechos 6:4.

Miles y miles de personas han estudiado las Sagradas Escrituras por sus valores literarios, históricos y filosóficos, pero sin deseo alguno de mantener comunión con su Autor. Ellos son como los israelitas que cayeron en el desierto: Hebreos 4:2. Las declaraciones de la Santa Biblia son esencialmente verdades espirituales que han de ser discernidas espiritualmente: 1ª Corintios 2:14.

Por lo tanto, la Palabra de Dios es viva y poderosa: Hebreos 4:12, pero sólo cuando es el Espíritu Santo quien la comunica al espíritu humano, ya sea en la congregación o en el estudio y reflexión personales. Esta transacción divina requiere una coalescencia del Espíritu Santo con la naturaleza espiritual del creyente. Esta conjunción del Santo Espíritu de Dios y del espíritu humano en la afirmación de la verdad, se encuentra en las Escrituras, como en el caso del testimonio de la naturaleza filial del creyente, en Romanos 8:16; también la afirmación de seguridad que el apóstol Pablo nos da respecto a la participación del Espíritu Santo en su testimonio: Romanos 9:1.

Esto ocurre cuando nuestra actitud es de adoración interior. Entonces, la verdad impartida trasciende, va más allá de la instrucción de la mente. Se vuelve asimilativa, es decir, espiritualmente nutritiva para todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Así se produce ese discernimiento de la verdad divina, por medio de la operación del Espíritu Santo, en forma de fuerza vital para el carácter y el servicio cristianos. Esta es la verdad que santifica: Juan 17:17,19. Cuando esta actitud de adoración interior se pierde, pasamos a depender de los elementos exteriores de la adoración, de lo cultual, de lo litúrgico, incluso de las corrientes de moda, que también se dan en el entorno cristiano.

Como discípulos de Jesucristo estamos llamados a vivir en conformidad con la luz que se nos ha dado. Sólo entonces venceremos los obstáculos que hallemos en nuestro discipulado. Y cuando se nos da más luz, es para que la obedezcamos. De lo contrario, nuestra comunión espiritual entrará en declive.

En el proceso de la santificación, la respuesta del creyente a la verdad revelada requiere el poder del Espíritu Santo para que podamos negarnos a nosotros mismos. Como el apóstol Pablo expresa claramente en Romanos 7:16-25, todo paso al frente en el proceso de la santificación implica lucha entre el hombre sensual (gr.: psyjikos) y el hombre espiritual (gr.: pneumatikos). Las naturalezas sensual (carnal o adámica) y espiritual del cristiano, chocan entre sí. Ese impacto acontece en nuestra mente: La vieja naturaleza con su inclinación al pecado, a no fiarse de Dios, y, por lo tanto, a desobedecerle; la nueva naturaleza, nacida de lo alto, de simiente incorruptible, con su inclinación a buscar al Señor y complacerle. En medio de este conflicto, el creyente que busca crecer en santidad no saldrá victorioso sin buscar la ayuda del Espíritu Santo: Romanos 8:13.

Nuestros apetitos naturales y nuestros afectos por las cosas de la vida vieja no pueden ser dominados y controlados por nuestras propias fuerzas, por muy bien intencionados que seamos: Romanos 7:15. El dominio de la naturaleza adámica sólo es posible mediante la cooperación del Espíritu Santo: Gálatas 5:16. Esto es lo que el apóstol Pablo denomina "crucifixión", es decir, la mortificación de nuestros deseos sensuales: Gálatas 5:24. Es lo que Jesús había enseñado: Lucas 14:27.

Nuestra vieja naturaleza no muere, pero se debilita y permanece inmóvil. En nuestro actual estado de existencia, la naturaleza adámica no es erradicada, pero en nuestro cotidiano anhelo de ser llenos del Espíritu Santo, para ser dóciles a la voluntad del Señor para nuestras vidas, nuestra vieja naturaleza será dominada, reducida. La madurez cristiana no es ser un "perro viejo" en las cosas de la iglesia, sino un experto en la auto-negación y en el tomar nuestra propia cruz cada día, dejándonos guiar por el Espíritu del Señor: lª Corintios 3:1-2; Romanos 8:14.

Aquí conviene tener presente que en el griego original del Nuevo Testamento, la relación del cristiano con Dios se describe como "teknon", palabra que significa "niño", y a veces se describe como "huios", que es "hijo". Este último término implica la idea de ser un miembro más maduro y espiritualmente consciente dentro de la familia de Dios. De ahí que Jesús, en su ministerio terrenal, nunca sea llamado "teknon" en el Nuevo Testamento, sino siempre y sin excepción "huios".

Consideremos ahora la aseveración que se hace en Hebreos 12:6-7, donde la disciplina de Dios toma la forma de una serie de exámenes que tienen por propósito probar y fortalecer nuestra fe: 1ª Pedro 1:7.

Cuanto más se separa un cristiano para Dios; cuanto más se consagra al ministerio divino, sirviendo al Señor en el servicio al prójimo con el Evangelio y la ayuda amorosa en nombre del Señor, más y más duras serán sus pruebas. A mayor consagración al Señor, mayor será la prueba de nuestra fe. De ahí que tan pronto el Padre confirmó a Jesús en su ministerio al subir de las aguas del bautismo, fue conducido por el Espíritu al desierto para que su naturaleza filial fuera probada: Mateo 4:1.

Durante 40 años de peregrinaje, la nación hebrea fue probada respecto a su fidelidad a los mandamientos del Señor: Deuteronomio 8:2. Y al igual que en el caso de Jesús -quien encarna al Dios de Israel y al Israel de Dios- encontramos la prueba en la forma de tentación. Sin embargo, recordemos que se trata de tentación como incidencia por permiso divino, y que mediante los recursos espirituales podemos vencer espiritualmente, pasando por la prueba como vencedores: 1ª Corintios 10:13.

Entre las más ricas bendiciones de la santificación se halla la eficacia en el servicio cristiano. El espíritu del creyente profundamente consagrado es sensibilizado ante los impulsos divinos. Y, consecuentemente, su capacidad para valorar las cuestiones espirituales y seculares se desarrolla notablemente: 1ª Corintios 2:15. Igualmente, la santificación capacita para discernir los proyectos religiosos de naturaleza carnal -bien intencionados, pero no guiados por el Espíritu Santo- que absorberán muchos esfuerzos, pero que no producirán fruto espiritual por no proceder del Espíritu Santo: Filipenses 2:13.

No malentendamos esto. No estamos diciendo que se puede alcanzar un estado de infabilidad. Sólo estamos diciendo que los comités y las decisiones administrativas nunca podrán substituir ni reemplazar la dirección del Santo Espíritu de Dios.

Después de nuestro nuevo nacimiento, el primordial propósito del Señor para nuestra vida es que alcancemos santidad por medio de nuestra santificación progresiva. La parte del creyente consiste en el mantenimiento de una comunión inquebrantable con Jesucristo a través de los recursos gloriosos de la Palabra y la oración. La contribución divina es la dirección del Espíritu Santo, su instrucción y su unción para nuestro ministerio como testigos de Jesucristo. Así es como podemos conquistar el terreno espiritual hasta la plenitud que Dios tiene para nosotros en Cristo Jesús Señor nuestro: Efesios 4:13.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:

1.- ¿Por qué necesitamos crecer como cristianos? Efesios 4:14-15.

2.- ¿En qué hemos de crecer para santidad? 2ª Pedro 3:18.

3.- ¿Dónde se obtiene esa gracia? Hebreos 4:16.

4.- Debemos crecer en gracia, y la gracia es un regalo. Entonces, ¿es el crecimiento en santidad igualmente un regalo de Dios? 1ª Pedro 2:2; Marcos 4:28; 2ª Tesalonicenses 1:3.

5.- ¿Crece la fe para nuestra santificación en cantidad o en calidad? Lucas 17:5-6.

6:- ¿Podemos crecer en santidad esforzándonos por crecer? Mateo 6:27; Mateo 6:28-29.

7.- ¿Qué debemos hacer para crecer en santidad y llevar fruto (de santidad)? Juan 15:4.

8.- ¿Existe alguna diferencia entre el método de acudir a Cristo Jesús y el de permanecer en Él?

Colosenses 2:6.

9.- ¿De dónde procede nuestra fortaleza? Apocalipsis 12:10-11; Filipenses 4:13; Efesios 3:16; Juan 15:5.

10.- ¿Cómo podemos llegar a ser verdaderamente fuertes (santos) según Dios? 2ª Corintios 12:9-10.

ERRORES QUE DEBEMOS ABANDONAR:

1.- Que podemos vivir la vida cristiana sin crecer en santidad.

2.- Que el crecimiento se logra sólo por nuestros esfuerzo por crecer.

3.- Que podemos crecer gracias a nuestros propios esfuerzos, separados de Cristo Jesús.

PRINCIPIOS UNIVERSALES QUE SE DESPRENDEN DE LA PALABRA DE DIOS:

1.- Que la fe puede crecer en cantidad, pero no en calidad.

2.- Que el crecimiento en santidad radica en la constancia con que dependamos sólo del Señor.

3.- Que el crecimiento en santidad no se produce sólo por tratar de crecer.

4.- Que los cristianos somos fortalecidos al percatarnos de nuestra debilidad, para depender sólo de la gracia y providencia divinas.

5.- Que podemos hacer todas las cosas mediante Cristo Jesús que nos fortalece por su Espíritu Santo; pero que sin Él, nada podemos hacer.

 

AMÉN.