Documento sin título

Pulse aquí para abrir el estudio en una pantalla nueva (Recomendado para imprimir)

Estudios biblicos www.ebenezer-es.org Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos

LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CRISTIANOS DE ÉFESO.

Un breve comentario "A Ras del Suelo" (Entiéndase los pies, pero con el corazón bien alto).

Pablo había pasado tres años en Éfeso. Es verdaderamente impresionante el discurso de despedida del apóstol en la playa de Mileto, ante los ancianos de la iglesia, antes de iniciar su último viaje a Jerusalem: Hechos 20:15-38.

Sin embargo, en la carta a los Efesios da la impresión que el remitente y los receptores de la carta no se conocen, lo cual ha hecho suponer a muchos eruditos que la carta a los Efesios bien pudiera ser una carta circular, enviada también, pero no exclusivamente, a los cristianos de Éfeso: Efesios 1:15; 3:2.

La mayoría de los estudiosos estiman que la carta que nos ocupa forma parte de un cuerpo epistolar dirigido en forma circular a las iglesias de Asia, con un espacio en blanco en Efesios 1:1 para insertar el nombre de la congregación o congregaciones a quienes iba dirigida la misiva. Se trataría, pues, de una encíclica dirigida a varias iglesias, tales como Éfeso, Laodicea, Colosas, Heriápolis, etcétera. De hecho, la mayoría de los más antiguos manuscritos omiten la expresión "en Éfeso". De ahí se desprende que muchos piensen, y sin que les falte razón, que esta epístola pudiera se la carta perdida, a la que se hace referencia en Colosenses 4:16.

La Carta a los Efesios forma parte de las Epístolas de Cautividad o de Prisión, junto con Filipenses, Colosenses y Filemón. Este encarcelamiento de Pablo en Roma fue muy fructífero en cuanto a su producción epistolar. Corresponde este período a los dos años que Pablo pasó en Roma, según se desprende de Hechos 28:30.

Estos aspectos nada tienen que ver con el contenido de la carta y su significado para nosotros. Todo parece indicar que Pablo escribió esta epístola hacia el final de su ministerio, junto con la dirigida a los Colosenses y su carta privada a Filemón. El tema de la misiva es Jesucristo y su Iglesia.

Para muchos estudiosos, se trata de la más importante de las cartas de San Pablo. No trata de los problemas de las congregaciones nacientes, sino más bien de la relación de Cristo Jesús con su Iglesia, de su unidad, de su vinculación, y lo más difícil de la epístola que nos ocupa es la propia altura del pensamiento de Pablo. Efesios tiene dos claras vertientes: La teológica y la pastoral o práctica. Con estas dos vertientes, Pablo nos muestra la relación íntima de la fe y de la acción: La fe que obra por el amor.

Ahora bien, antes de entrar en el comentario de la carta, sería bueno considerar cómo era la ciudad y región de Éfeso, capital de Iconia, provincia romana de Asia Menor, situada cerca de la desembocadura del Cayster, a unos 60 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Esmirna. Su fama se debía al culto de la diosa Diana (Artemisa), cuyo templo se consideraba una de las siete maravillas del mundo antiguo. La principal diferencia entre esta diosa romana y su homónima griega es que la versión romana parecer haber sido adorada mediante rituales impuros (prostitución sagrada) y misterios mágicos: Hechos 19:19.

Respecto al establecimiento de la iglesia cristiana en Éfeso, sabemos que Pablo visitó brevemente esta ciudad durante su segundo viaje misionero, para realizar después, durante su tercer viaje, una visita más prolongada, aproximadamente tres años. Durante la ausencia del apóstol Pablo, sabemos que Aquila y Priscila prosiguieron con la labor del apóstol. También Timoteo y Tíquico trabajaron en Éfeso. En los Hechos de los Apóstoles hallamos el episodio de la conversión de los doce discípulos de Juan el Bautista, la predicación en la escuela de un tal Tirano, la realización de milagros por mano de Pablo, la extensión del Evangelio por la región de Asia, y el tumulto originado por los fabricantes y vendedores de estatuillas de Diana.

La tradición dice que el apóstol Juan pasó la mayor parte de su vida en Éfeso, donde escribió el Evangelio que lleva su nombre y sus epístolas, y que después de su deportación a la isla de Patmos, por la policía de Domiciano, donde escribió el libro de " La Revelación de Jesucristo " (El Apocalipsis), regresó a Éfeso, donde murió.

El tema de la Carta a los Efesios la vincula estrechamente con la dirigida a los Colosenses. En la epístola a los cristianos de Colosas, Pablo expresa el gran pensamiento central de la suficiencia total de Jesucristo: Colosenses 1:14, 19; 2: 3, 9. En Efesios, la idea central es la reunión de todas las cosas en Cristo Jesús: Efesios 1:9-10. El pensamiento central de Efesios es la comprensión de la desunión en la naturaleza, en la humanidad, en el hombre individual, en el tiempo, entre Dios y el hombre como creatura, y la convicción de que toda esta desunión o desarmonía se convertirá en unidad cuando todos los hombres y todas las potestades se unan en Cristo el Señor. En Efesios, la Iglesia es presentada como instrumento primordial de Dios en la obra de la reconciliación.

Comenzaremos ahora nuestro estudio del contenido de la epístola: Efesios 1:1 - 3:21: Esta primera vertiente de la Carta a los Efesios trata de la nueva familia de Dios. Nueva por ser más amplia y más inclusiva, amén de contar con una base eterna, frente a todas las figuras anteriores.

Después de la salutación inicial, Pablo da gracias al Señor por todo lo que Jesucristo significa para la Iglesia. El gran propósito de Dios desde los días de la eternidad ha sido lograr que los hijos de los hombres puedan ser también hijos e hijas de Dios, y así formar una gran familia vinculada por el amor mutuo. Esa es la obra de Cristo Jesús por medio del Espíritu Santo. Jesucristo, por su vida, muerte y resurrección, puede librar al hombre de cuantas ataduras le mantenían separado de Dios, destituido de su gloria. En Jesucristo se nos ofrece gratuitamente el perdón de los pecados y el don de la vida eterna. Y no sólo eso, sino que se nos da en Cristo Jesús una nueva naturaleza, sin mancha ni contaminación, mediante un nuevo nacimiento de lo alto, de simiente incorruptible, para que, junto con toda la creación podamos entrar en una relación de armonía con Dios. Ese es el conocimiento que es dado a la Iglesia -el Cuerpo de Cristo- respecto a un futuro glorioso, descrito en otras partes de las Escrituras como "cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.": Efesios 1:1-14.

Pablo hace una oración de acción de gracias -una bendición al estilo judío- por la fe y la acción consecuente de los cristianos de la región de Éfeso. Pide al Señor que les dé un conocimiento todavía más profundo de su Persona, para que sean conscientes del poder de Dios en sus vidas. Pablo desea que los discípulos de Éfeso se percaten de la magnitud del poder que levantó a Jesucristo de entre los muertos; poder que ahora reside en ellos. Y para ello les muestra que Dios Padre ha puesto a Cristo por cabeza sobre todas las cosas en la Iglesia, la cual es su Cuerpo, de lo que se deduce que en ese Cuerpo ha de manifestarse poderosamente la vida del Resucitado, quien, a su vez, es el Cuerpo en el que habita, mora, toda la plenitud de la Deidad: Efesios 1:15-23.

Pablo quiere que los destinatarios de la carta comprendan lo que implica estar en Cristo: Haber pasado de la muerte a la vida; del camino de muerte, que a la muerte conduce, al camino de vida, que a la vida lleva. Haber pasado de la vida centrada en nuestro propio "yo", la vieja naturaleza -que Pablo a veces llama "la carne", a una vida centrada en Cristo Jesús; centrada con Jesucristo en Dios. Y, naturalmente, ese cambio, esa transformación no es el resultado de algo que nosotros hayamos hecho o hagamos o podamos realizar, sino que se fundamenta sólo, única y exclusivamente en el amor de Dios hacia nosotros. No es obra nuestra, ni por méritos ni por deméritos, sino por la sola gracia de Dios, por su amor y su misericordia. A nosotros sólo nos queda aceptarlo, recibirlo como lo que es, como un don, como un regalo, como una gracia, mediante la fe, la cual, a su vez, es también un don del Señor, una gracia suya. Es Dios, no nosotros, quien nos ha hecho en Cristo Jesús hombres y mujeres nuevos. Y esa novedad de vida es absolutamente imprescindible para poder realizar la labor que el Señor nos encomienda: Efesios 2:1-10.

Pablo les recuerda la inmediatez en el cambio, en la conversión, hablándoles de cuando vivían sin Cristo, sin fe y sin esperanza en el mundo -una clara descripción de su carácter gentil-, alejados de la ciudadanía de Israel. Pero ahora, por la obra de Jesucristo, tanto los judíos como los gentiles, habían entrado en comunión con Dios, y los unos con los otros, en un solo Cuerpo. Y todo ello mediante la ruptura de todas las barreras entre ellos. Naturalmente, Pablo está utilizando aquí la figura del muro de separación entre el atrio o patio de los gentiles y el de los hebreos en el Templo de Jerusalem. La Ley mantenía separados a judíos y gentiles. Ahora, en el Cuerpo de Cristo Jesús, mediante su muerte y resurrección, este muro de separación -y con él todos los demás- se había venido abajo. Ahora las opciones no eran ser judío o gentil, sino el camino más excelente de ser cristiano, de ser discípulo de Jesucristo: Efesios 2:11-16.

En esto radica el núcleo del Evangelio, de la Buena Noticia. No hay una buena noticia acerca de Jesucristo. Jesucristo es la buena noticia: Que los gentiles, los paganos, que no sabíamos nada acerca de Dios, y los judíos, quienes sabían algo acerca de Dios, pero no suficiente, ahora podemos alcanzar el conocimiento salvador y liberador que Dios tiene para todos, y además, que el camino podemos recorrerlo juntos, sin pretensiones de exclusividad. De ahí se deduce que todos los discípulos de Jesucristo somos iguales ante el Señor; tenemos una misma dignidad dentro de la familia de Dios. Podemos tener diferentes llamamientos de parte de Dios para servir a su pueblo, en base a la repartición que el Señor hace de dones, ministerios y operaciones, pero como miembros de la familia de Dios no debe haber entre nosotros ninguna distinción ni distanciamiento cualesquiera. El propio Jesús ha dicho que no llamemos "Padre" a nadie en la tierra, ni tampoco "Maestro", por cuanto sólo tenemos un "Maestro" que es el "Cristo", y todos nosotros somos hermanos.

La Iglesia es, pues, un cuerpo en constante formación, al cual el Señor añade por medio del Espíritu Santo, nuevos miembros cada día. Ese es el sentido del verdadero Templo de Dios, donde Jesucristo es la piedra fundacional y la piedra angular, los apóstoles del Cordero y los profetas antiguos forman la base y las columnas, y nosotros somos piedras del edificio y formamos las paredes. Ese es el verdadero Templo de Dios, donde el Señor mora, donde habita el Espíritu de Dios; donde Dios habita por el Espíritu del Santo: Efesios 2:17-22.

La proclamación de este Evangelio molestó y molestará siempre a los poderes de este mundo. Por eso Pablo les explica a los Efesios que esa es la razón por la que les escribe esta epístola desde la cárcel. Recordemos que el origen de la prisión de Pablo radica en la oposición de su propio pueblo a su mensaje de la igualdad de judíos y gentiles en Cristo Jesús. El alcance o dimensión reconciliadora del Evangelio siempre produce persecución. Es por eso que Jesús es el Príncipe de Paz. El mundo está en guerra por darle la espalda a Dios, dejándose llevar por los odios y fobias, distinciones y separaciones que el Maligno -¡Dios le reprenda!- siembra en los corazones de los hombres. Los hijos de desobediencia siempre lucharán contra el mensaje reconciliador de parte de Dios. Pero el propósito del Señor es la armonía entre los humanos, con toda su creación, y para ello comienza a realizar esa armonía derribando el muro de separación entre judíos y gentiles. Este conocimiento profundo, que ciertamente no procede del saber humano, sino que es revelación divina, es, en el último análisis, la razón del encarcelamiento de Pablo y de todos sus sufrimientos y padecimientos, a manos de los gentiles y a manos de los de su nación: Efesios 3:1-13.

Hasta aquí parece llegar la parte doctrinal de la epístola. Pablo pide al Señor que les fortalezca con su Espíritu mediante el crecimiento en el conocimiento y en la gracia del Señor, para que como pueblo de Dios busquemos un entendimiento mayor de las riquezas de la gracia divina, y del amor de Cristo Jesús, siendo llenos del Santo Espíritu de Dios, a quien le corresponde todo honor y toda gloria: Efesios 3:14-21.

La segunda vertiente de la epístola comienza aquí: Efesios 4:1-6:24. La doctrina, la reflexión teológica, queda atrás. Ahora se trata de las cuestiones prácticas.

Los cristianos debemos ser ejemplo de humildad, paciencia, tolerancia y amor. "Tolerancia"es una traducción quizá atrevida, pero, ciertamente mucho más próxima al sentido que originalmente se quiere transmitir, sin las connotaciones peyorativas que contiene la palabra "mansedumbre". Todos estos ingredientes son imprescindibles para la vivencia de la paz, entre los hermanos, y en lo que dependa de nosotros, con todos los demás hombres. Además, estos frutos del Espíritu Santo son igualmente imprescindibles para asumir y vivir la realidad de que la Iglesia de Jesucristo es una, y no muchas. Muchas pueden ser las tradiciones o denominaciones, las corrientes teológicas y las formas y maneras más o menos litúrgicas de nuestro culto; pero, en el último análisis, el Cuerpo de Cristo no puede estar dividido. Y, curiosamente, no es la diversidad la causa de la división, sino, antes bien, la falta de humildad, paciencia, tolerancia y amor. La historia de la Iglesia lo confirma. Tampoco fue la diversidad de las tribus del pueblo hebreo la causa de la división de la nación en dos reinos, sino la falta de sabiduría, de tolerancia, de oídos por parte de los dirigentes para el pueblo de Dios.

La Iglesia de Cristo está sostenida y sustentada por un sólo Espíritu: Un Señor, una fe y un bautismo. Todos los redimidos de hoy y de todos los tiempos compartimos la misma fe en Cristo Jesús y la misma esperanza: El mismo Dios y Padre que está sobre todos y sobre todo: Efesios 4:1-6.

Ahora pasa Pablo a tocar el tema de las funciones personales de cada cristiano dentro del Cuerpo de Cristo. Es el Señor resucitado y glorificado junto al Padre, con la gloria que tuvo antes de la encarnación, quien otorga a cada cristiano los dones, ministerios y operaciones necesarios para poder realizar su correspondiente labor para el enriquecimiento de la Iglesia, para el desarrollo de los hermanos, hasta que el Cuerpo alcance la plenitud de Cristo en su vida. Es el crecimiento del Cuerpo hacia la Cabeza. Es, además, la manera de evitar el ser llevados de acá para allá por cualquiera de las ideas filosóficas que corren por el mundo. Por el contrario, hemos de permanecer aferrados a la verdad que hemos recibido en el Evangelio. Y desde esa posición, hemos de aportar nuestro ministerio, nuestro servicio, en favor de la plenitud del Cuerpo, en absoluta obediencia y dependencia de la Cabeza, que es Cristo el Señor: Efesios 4:7-16.

Pablo pasa a tocar el asunto de la necesidad de cortar con el pasado. El camino cristiano se separa aquí del camino de las escuelas psicológicas seculares que apuntan a escarbar y ahondar en el pasado de las personas. Si estamos en Cristo Jesús, si nuestra fe y seguridad están en el Señor, entonces todo lo viejo ha pasado; todo ha sido hecho nuevo. No se trata de una vida remodelada, sino de una nueva vida, una nueva naturaleza, un nuevo nacimiento destinado a que seamos lo que Dios quiso siempre que el hombre fuera. Y, naturalmente, siendo todos miembros de un mismo y solo Cuerpo -miembros los unos de los otros- no puede haber lugar para la mentira, para las quejas y las contiendas. De lo contrario, el Espíritu Santo con el que fuimos sellados el día en que abrimos nuestro corazón a Jesucristo, será contristado en nosotros, impidiéndose, de tal manera, el desarrollo armónico del Cuerpo en cada uno de sus miembros.

Lo opuesto será dejar que el Espíritu en nosotros produzca los frutos que dignifican a Dios y a todo redimido con la sangre de Cristo. La bondad, la generosidad, la armonía y la disposición en prontitud al perdón y a la reconciliación, serán las expresiones naturales de quien se sabe escogido, perdonado, limpiado, amado y sostenido por la gracia y la providencia divinas: Efesios 4: 17-32.

No debe haber otro modelo, otro marco referencial, dice Pablo, aparte del Señor. El castigo nos alcanzará si vivimos la clase de vida de quienes desconocen el amor de Dios, como era nuestro propio caso. Las relaciones sexuales extramatrimoniales, la avaricia y toda inmoralidad, comprendida nuestra manera de hablar, a pesar de que estas prácticas sean las más generalizadas en nuestros días. Es más, si frecuentamos el trato con quienes viven de semejante manera, podemos ser arrastrados a imitar su conducta. Pablo apela a las viejas figuras bíblicas de la luz y las tinieblas, para que comprendamos que no hay posible comunión entre la luz y la oscuridad. Estar en Cristo es estar en la luz, y la luz de Cristo Jesús alumbra nuestra camino, marca nuestros pasos, y hace notoria al mundo la distancia que media entre los redimidos y los impenitentes: Efesios 5:1-14.

Cuando somos conscientes de quiénes somos, qué precio se ha pagado por nuestra redención, por qué estamos aquí, y para qué, entonces dimana de nosotros un comportamiento diferente, semejante a lo que acontece cuando a un harapiento se le baña, perfuma y viste con ropas limpias y elegantes. nuestra indumentaria parece incidir poderosamente en nuestra conducta. De ahí que Pablo emplee en diversas ocasiones la figura de la ropa, el vestirse y revestirse, refiriéndose al cambio de comportamiento del hombre. Sólo que en este caso no se trata de un cambio de apariencia exterior, sino de una transformación de nuestros corazones.

Pablo entra en el uso del tiempo, es decir, de la vida, así como del peligro de recurrir a la bebida, advirtiendonos de la disolución que todos los intoxicantes producen en la existencia de los hombres, creando hábitos, dependencias y dispersiones que acaban con la armonía y destruyen toda humanidad en el ser. Pablo enseña que quien busque inspiración o iluminación en la bebida, experimentará la disolución de sus potencias, de sus relaciones y de todo su ser. Por el contrario, quien ama a Dios y quiere vivir en su servicio, encontrará una inagotable fuente de inspiración y de gozo en el canto de alabanzas, en la oración y en la acción de gracias: Efesios 5:15-20.

Pablo se acerca ahora en su carta al ámbito del hogar, al círculo familiar. El punto de partida en el planteamiento del apóstol es el reconocimiento mutuo entre el esposo y la esposa. La esposa ha de reconocer al esposo como cabeza del hogar, tal y como Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia. Es decir, que el marido ha de ser salvador y redentor, proveedor y defensor, cuidador y protector amante de su esposa, carne de su carne y hueso de sus huesos. Queda descartada toda postura machista de dominación y explotación. Los maridos hemos de amar a nuestras mujeres como Cristo ama a su Iglesia, dándose por ella. Los esposos hemos de amar a nuestras esposas como nos amamos a nosotros mismos. Las esposas no objetarán a estar unidas en semejante vinculación amorosa. Pablo ve en el matrimonio cristiano un reflejo de la unión amorosa de Cristo y de la Iglesia.

A los hijos, Pablo pide que sean obedientes a sus padres, y de eso modo cumplan el mandamiento de honrar a los progenitores. En reciprocidad, los padres debemos tratar a nuestros hijos con un alto grado de comprensión y sensibilidad. De lo contrario, les obstaculizaremos el camino del discipulado cristiano. El siervo cristiano trabajará como para el Señor, sin reparar en el ojo humano. Y, naturalmente, el amo cristiano hará lo propio con sus siervos, sin olvidar que un día tendrá que rendir cuentas delante de Dios, ante quien siervo y amo son iguales: Efesios 6:1-9.

Antes de concluir su carta , Pablo piensa en el uniforme del soldado romano que vigila en la cárcel en que se halla. El Espíritu Santo mueve el corazón de Pablo para describir el atuendo del legionario, pensando en el cristiano como un soldado del ejército del Señor. La batalla es el conflicto de los tiempos, vivido en la existencia de cada discípulo de Jesucristo. Las armas y la armadura las describe el apóstol con gran precisión. Cada pieza en su sitio, para cubrir y proteger; para defender con verdad, integridad, evangelio -potencia de Dios- y salvación. Después viene la descripción de las armas ofensivas: La Palabra de Dios, la fe y la oración. No hay armamento más potente a nuestro favor en esta guerra espiritual en que estamos sumidos: Efesios 6:10-18.

Y, finalmente, Pablo concluye empleando una expresión muy hermosa para describir su labor, y, por extensión, el cometido de todos cuantos hemos sido llamados a poner la mano en el arado: "Embajador en cadenas". La prisión no ha podido acabar con su embajada. La privación de libertad no ha sido capaz de romper sus cartas credenciales. Y la petición de oración que Pablo hace a los cristianos de Éfeso no es para su libertad personal, sino para que la extensión del Evangelio continúe.

El encargo de hacer llegar la epístola a los Efesios lo hace Pablo a Tíquico. También lo hace Pablo en el caso de la Epístola a los Colosenses (4:7).

La conclusión de la misiva es la bendición apostólica: Efesios 6:19-24.

J.Y.