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MANSOS Y HUMILDES PARA SER TESTIGOS DE JESUCRISTO

POR JOAQUÍN YEBRA

 

Cada día aumenta el número de creyentes fanáticamente convencidos de que el poder de Dios tiene por propósito que seamos capaces de realizar obras espectaculares, como el mundo entiende semejante adjetivo. Para muchos de estos creyentes la iglesia tiene que ser una empresa, en el sentido mundano del término, siempre desde una óptica mercantilista y utilitarista. Naturalmente, en consecuencia con tales premisas la iglesia tiene que estar en manos de dirigentes, aunque ellos siempre prefieren emplear el anglicismo "líderes". Se busca éxito, influencia, fuerza en el sentido igualmente mundanal. Y de ese modo, día a día, paso a paso, Jesucristo va dejando sutilmente de ser el único modelo dado por Dios a la iglesia. El lugar del bendito Maestro va siendo ocupado por aquellos cuyas actitudes y patrones de comportamiento responden a los métodos y programas del marketing, la publicidad y el mundo de los negocios. Paradójicamente, las congregaciones se tragan todo un entorno y un contexto ajenos completamente al Señor Jesús, mientras que lo más íntimo y propio del Señor, como son su pueblo y su cultura, resultan extraños a muchos cristianos que llegan incluso a despertar sospechas, generalmente confesadas sólo en los pasillos, y promover cazas de brujas y pseudo-expedientes de limpieza de sangre, al más puro estilo inquisitorial. Se rechaza lo más propio de la cultura bíblica, o se tamiza con suma escrupulosidad, mientras los autonombrados defensores de la fe tratan enloquecidos de hallar algún "mosquito" para tragarse enormes y peludos "camellos" de vieja filosofía griega disfrazada de psicología y manipulación de masas a troche y moche.

Cuando se habla de la apostasía de la iglesia suele pensarse en desviaciones doctrinales, pero la Palabra de Dios anuncia la apostasía como el abandono de la fe, y ésta es el don de Dios a los hombres para que podamos fiarnos de Él con toda integridad. De ahí que en medio de aparatos doctrinales aparentemente ortodoxos se den actitudes y conductas absolutamente carentes de ortopráxis.

La clave para podernos percatar de esta situación está muy estrechamente relacionada con la promesa de poder que el Señor Jesús hizo antes de su ascensión gloriosa. De modo que, partiendo del sentido absolutamente modélico de nuestro Salvador, podremos comprender de qué poder se trata el prometido por el Señor, el efecto producido entre los discípulos, y el contraste respecto a las tendencias por las que se decantan muchos círculos cristianos de nuestros días.

Primeramente, Jesús promete el derramamiento del Espíritu Santo con poder sobre los discípulos:

"Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días." (Hechos 1:4-5).

La pregunta lógica es: ¿Para qué hemos de ser bautizados con el Espíritu Santo? La respuesta nos la da el propio Señor Jesús: "Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu

Santo, y me seréis testigos en Jerusalem, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra." (Hechos 1:8).

Estas fueron las últimas palabras pronunciadas por el Señor Jesús antes de su ascensión. Su alcance, para todo el período de la iglesia, se desprende claramente de las palabras del apóstol Pedro en su discurso en el día de Pentecostés:

"Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare." (Hechos 2:39).

El Espíritu Santo con poder es prometido por el Señor Jesucristo para los discípulos con el propósito de que seamos testigos, y un testigo es alguien que da testimonio, que testifica. De ahí que para testificar de Jesús necesitemos ser ungidos con el Espíritu Santo. Ahora bien, esto acontece cuando creemos en Cristo Jesús para salvación:

"En Cristo también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria." (Efesios 1: 13-14).

" Y les daré un corazón y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos." (Jeremías 32:39).

"Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy el Señor; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón." (Jeremías 24:7).

"Os daré corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne." (Ezequiel 36:26).

No debemos olvidar que Jesús no vino hasta nosotros como un héroe fanfarrón y peliculero, como tantos vendedores de religión exportable de nuestros días, sino como siervo manso y humilde de corazón, de corazón de carne, que diría Ezequiel.

Jesús proclama el sentido y el propósito del derramamiento del Espíritu Santo con ocasión del gran Día de la Fiesta de Sucot (Cabañas o Tabernáculos), cuando un sacerdote descendía hasta el estanque de Siloam (Siloé) para extraer agua, una porción de la cual era derramada a la mañana siguiente en la fuente al pie del altar, junto con una porción de vino, y la mezcla discurría por un conducto al efecto, hasta el torrente de Cedrón. Aquella extracción del agua era una manera simbólica de pedirle al Señor que abriera las puertas de los cielos y derramara abundante lluvia sobre la tierra seca, a la conclusión del verano. Esta acción simbólica del derramamiento del agua y del vino estaba claramente impregnada de esperanza mesiánica, anticipando el bautismo del Señor con el Santo Espíritu sobre Israel y sobre todas las naciones de la tierra. Escuchémosle a Jesús:

"Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo (Jesús) del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado." (Juan 7:37-39).

Jesús nos da su Espíritu para que nos asemejemos a Él: "En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga." (Mateo 11: 25-30).

"Cuando se acercaron a Jerusalem, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está en frente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sión: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga." (Mateo 21:1-5; Zacarías 9:9).

El poder del Espíritu de Cristo ha de ser para parecernos a Jesús. Y el bendito Maestro se distinguió siempre, durante los días de la carne, por la humildad y la mansedumbre. La obra del Espíritu Santo siempre desarrollará sencillez y ternura en el corazón del creyente. Por eso sorprende tanto y a tantos la descripción que se nos da de Moisés, el gran caudillo libertador de Israel, según se halla en el libro de Números:

"Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra." (Números 12:3).

En medio de tantos engañadores que tratan de que muchos creyentes aparten su mirada de Jesús, queremos llamar la atención de un hecho de suma importancia: Jesús no fue un manipulador de masas, ni un yupi religioso, ni un vendedor de milagros, ni siquiera un milagrero, ni un dirigente al estilo del mundo:

"Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." (Marcos 10:42-45).

San Pablo se expresa con claridad meridiana al hablar de las actitudes características de los apóstoles. Bastaría este brevísimo texto para desenmascarar a muchos suplantadores:

"Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros." (2ª Corintios 12:12).

Se está presentando un pseudo-evangelio en algunos círculos donde el mensaje se asemeja muchísimo a esos anuncios publicitarios de juguetes que escandalizan a los niños al ver en televisión las enormes posibilidades que el juguete ofrece, para después sentirse profundamente defraudados al tenerlo en sus manos. En la publicidad el juguete se mueve, vuela, realiza piruetas y llega a alcanzar un realismo extraordinario, pero en las manos del pequeño o de la pequeña, resulta ser tan sólo una pieza de plástico inerte.

El Espíritu Santo no engaña, ni defrauda, ni decepciona, ni desilusiona. El Espíritu Santo derrama el poder del Altísimo sobre los cristianos para que nos asemejemos a Jesús, haciéndonos mansos y humildes. Entonces, en obediencia al Señor Jesucristo que nos comisiona a predicar el Evangelio, la Palabra proclamada es refrendada y legitimada por el propio Señor:

"Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén." (Marcos 16:19-20).

Todas las promesas del Señor van dirigidas a los mansos de corazón:

¿A quiénes enseñará el Señor su camino?

"Bueno y recto es el Señor; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera. Todas las sendas del Señor son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios." (Salmo 25:8-10).

¿Quiénes se alegrarán de la alabanza a Dios?

"Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán. Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre." (Salmo 34:1-3).

¿A quién salvará Dios?

"Tú, temible eres tú; ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira? Desde los cielos hiciste oír juicio; la tierra tuvo temor y quedó suspensa cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar, para salvar a todos los mansos de la tierra." (Salmo 76:7-9).

¿A quiénes hará justicia el Dios nuestro?

"Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu del Señor; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Y le hará entender diligente en el temor del Señor. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos, sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura." (Isaías 11:1-5).

El espíritu mundano, regidor del sistema imperante en esta tierra, desprecia la mansedumbre y la humildad, y copia las actitudes carnales haciendo un burdo remedo del poder del Señor, hasta llegar a extremos de claro y llano espectáculo. Así es como se desarrollan liderazgos asombrosos, empresas multinacionales del show religioso, donde se comercia de la manera más vil con la miseria humana, con la superstición y el dolor de los más incautos, llegando a la constitución de multinacionales absolutamente desorientadas respecto al bendito Señor Jesucristo. Así es como los rasgos distintivos del amado Salvador - su pureza, su mansedumbre, su humildad y su paciencia- son sistemáticamente sustituídos y reemplazados por la eficacia, la eficiencia, la penetración en el mercado, los resultados en términos estadísticos y los ratios de conversiones en función de las inversiones realizadas en una determinada zona geográfica. Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos enseñan con suma claridad el valor de la mansedumbre que Cristo Jesús nos insta a aprender de Él.

"Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas." (Eclesiastés 10:4).

"Buscad al Señor todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo del Señor." (Sofonías 2:3).

"¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?... Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." (Lª Corintios 4:21 comp. 2:1-5).

"Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado." (Gálatas 6:1).

"Yo pues (Pablo), preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos." (Efesios 4:1-6).

"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros." (Colosenses 3:12-13).

"Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia , la mansedumbre." (1ª Timoteo 6:11).

"Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres." (Tito 3:1-2).

"Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos." (Santiago 1:21-22).

"Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa en el juicio." (Santiago 2:13).

"Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros." (1ª Pedro 3:15).

"El temor del Señor es enseñanza de sabiduría; Y a la honra precede la humildad." (Proverbios 15:33).

"Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes." (Santiago 4:6).

"Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz." (Salmo 37:11).

"Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad." (Mateo 5:5).

En esta época en que nos ha correspondido vivir, y frente a la apostasía que se desarrolla y crece a pasos agigantados, debemos profundizar en el estudio de las Sagradas Escrituras para alumbrar en medio del confusionismo reinante. No debemos olvidar, pues, que el poder prometido por el Señor Jesucristo para su iglesia no es un "algo" neutro e independiente del Santo Espíritu. La propia personalidad del Espíritu Santo nos ayudará a evitar las excentricidades de moda. Baste tener presente que el Parácleto es Persona, no mera fuerza, sino Persona; y no sólo Persona, sino Persona Divina: Habla, enseña, guía, consuela, intercede, testifica, imparte vida, otorga dones, ministerios y operaciones. La relación del Santo Espíritu de Dios con la personalidad del ser humano nos ayudará a conocer más y mejor la personalidad del Señor y la nuestra:

"Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Juan 14:26).

"Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios." (Juan 3:5)

"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros." (Juan 14:16-17).

"Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir." (Juan 16:13).

"Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos." (Romanos 8:26-27).

Sólo la unción del Santo Espíritu de Dios nuestro Señor -Padre, Hijo y Espíritu Santo- puede hacer que la iglesia mantenga los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Sólo por la presencia y el consuelo del Espíritu Santo seremos movidos al reconocimiento de Jesucristo como nuestro único modelo referencial, para este tiempo y por toda la eternidad. Sólo el poder del Santo Consolador puede devolver a la iglesia el sentido cristocéntrico que el Padre eterno le dio... sin excentricidades, sin desorden, sin modas, afortunadamente pasajeras, que producen confusión, sin orgullo espiritual ni desprecio de los hermanos.

Sólo el Espíritu de Cristo puede hacernos mansos y humildes de corazón, para vivir en santidad, y para salir y predicar en todas partes, bajo la ayuda y dirección del Señor, quien, sin duda, confirmará su Palabra con las señales que Él ha prometido la seguirán.

Amén. J.Y.