Documento sin título

Pulse aquí para abrir el estudio en una pantalla nueva (Recomendado para imprimir)

Estudios biblicos www.ebenezer-es.org Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos

¿DE OÍDAS O PERSONALMENTE?

El libro de Job es uno de los más interesantes de las Sagradas Escrituras. Es el escrito bíblico que contiene más elementos arameos. Posiblemente se trata de un texto postexílico, lo que se deduce por el florecimiento que experimentó la lengua aramea hacia la primera mitad del siglo V antes de Jesucristo.

El libro de Job pertenece a los ketubim, es decir, a los escritos, ya que la Biblia hebrea se divide en Torá (La Ley, aunque más bien deberíamos traducir este término por "instrucción", ya que procede de una raíz que significa "apuntar o señalar el camino con el dedo"), Nebiim (los Profetas, del verbo hebreo "llamar", es decir, "los llamados"), y Ketubim, es decir, "los Escritos". Con las iniciales de estas tres palabras formamos el acróstico Tanaj, que es el nombre por el que se conoce la Biblia en la lengua hebrea. Otra forma de referirnos a las Sagradas Escrituras es mediante el vocablo Micrá, que literalmente sería "lectura".

En el Talmud se habla de Job como de un hombre justo, junto con Noé y Daniel. La referencia se toma del texto de Ezequiel 14:14:

"Si estuviesen en medio de ella (Jerusalem) estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas, dice Jehová el Señor."

El libro de Job está formado por un prólogo y un epílogo en prosa, y un cuerpo extenso en estilo poético-didáctico. Los eruditos afirman que pertenece al género conocido como "debate" o "disputa legal". G. von Rad lo define como una "lamentación dramatizada."

El estudio del libro de Job nos muestra la realidad del sufrimiento humano, frecuentemente inexplicable, y cómo su acontecer abarca le generalidad de la experiencia humana, más allá de fronteras, culturas y épocas.

Se nos presenta a Job como un ser excepcionalmente íntegro, perfecto y recto en todos sus actos:

"Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal." (1:1).

"Y Jehová dijo a Satanás:¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?" (1:1).

Job es presentado como "temeroso de Dios". Y eso significa ser "religioso". Job es prototipo del religioso de cualquier época. Era un hombre honrado, temeroso de Dios, recto, apartado del mal, preocupado por los suyos. Pero es el propio Job quien nos da una definición muy exacta y precisa del significado de ser religioso, de ser temeroso de Dios:

"Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. DE OÍDAS TE HABÍA OÍDO; MAS AHORA MIS OJOS TE VEN." (42:1-5).

Esa es la definición del religioso, del temeroso de Dios, frente al hombre o la mujer que ha tenido un encuentro con el Señor. Es la diferencia implícita entre el "oír" y el "ver". Es la diferencia entre tener noticias, haber recibido información, instrucción religiosa, datos culturales de la religión propia de la cultura a la que se pertenece, frente a la conversión producida por haber experimentado un encuentro personal con el Señor como fruto de un acto de la libre y soberana gracia de Dios.

Job era un temeroso de Dios, un religioso, un hombre de sanos principios morales y éticos; alguien que conocía a Dios "de oídas". Por eso, cuando comprende esto, reacciona arrepintiéndose:

"Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza." (Job 42:6).

Job conoce a Dios de oídas mientras vive en la seguridad de sus bienes. No hay nada de malo en ello. Jamás se nos dice en el texto del libro que Job haya obtenido sus riquezas mediante métodos impropios, engaños o fraudes:

"Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto sus bienes han aumentado sobre la tierra." (1:10b).

Sin embargo, la propia seguridad de Job le impide ver a Dios. Su seguridad se vuelve contra él. No logra ver al Señor mientras vive bien pertrechado de bienes y riquezas, justamente obtenidas, pero que se alzan entre su vida espiritual y la presencia del Señor. Por eso no logra ver a nadie fuera de su círculo. Su dignidad y su seguridad -nada infundadas- no le permiten salir del microcosmos donde es señor y dueño.

El dramatismo del libro va más allá de toda comparación. En su angustia, Job se aproxima muy de cerca a la blasfemia. Se lo sugiere su propia esposa:

"Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete." (2:9).

Job no lo hace. Retiene su integridad hasta el fin. Entra en conflicto con Dios. Disputa con el Señor. Presenta sus argumentos de manera excelsa. Escucha y sufre la "ayuda" de sus amigos, bienintencionados, como es frecuente, pero ineficaces. De ahí que no sea de menospreciar su carácter de "temeroso de Dios". Sin embargo, mientras Job se desenvuelve en el círculo de la retribución, no logra ver al Bendito. Su fe es transaccional. Su sistema, como el de tantos religiosos de todos los tiempos, es retributivo. Su óptica es eminentemente mercantil. Job ama a Dios porque todo le va bien. Por eso necesita aprender -como todo religioso- lo que es la gracia de Dios, la gratuidad divina. Gracia que no sólo es de Dios a nosotros, sino también de nosotros al Señor. Gracia como llamada y como respuesta.

¿Será preciso que nos hallemos como Job, desprovistos, abandonados, derribados, abatidos, despreciados, para dejar de oír y empezar a ver? ¿Habrá penetrado tanto el mercantilismo de nuestra sociedad de mercado y consumo como para que hayamos caído en la trampa de relacionarnos con Dios -entiéndase de intentarlo- de semejante manera?

Se han derramado ríos de tinta para expresar y dar a conocer el amor de Dios, de balde, de pura gracia, sin base alguna de merecimiento por nuestra parte. Y esa es una verdad gloriosa. Quizá la más excelsa de cuantas verdades puedan comunicarse. Sin embargo, frecuentemente olvidamos que si la llamada del Señor al arrepentimiento y a la fe es un acto de su amorosa gracia, nuestra respuesta de amor al Señor y a nuestro prójimo ha de ser igualmente de gracia, de balde:

"El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: NO EN QUE NOSOTROS HAYAMOS AMADO A DIOS, SINO EN QUE ÉL NOS AMÓ A NOSOTROS, Y ENVIÓ A SU HIJO EN PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS...NOSOTROS LE AMAMOS AL SEÑOR PORQUE ÉL NOS AMÓ PRIMERO."

(1ª Juan 4:8-10, 19).

El libro de Job nos ofrece mucho material para la lectura reflexiva, para el estudio y la meditación . Son de destacar los textos de confesión de Job, a corazón abierto, contenidos en los capítulos 7 y 10. Sin embargo, en este estudio vamos a concluir con la consideración del texto mesiánico por excelencia del libro de Job:

"Yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán , y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí. " (Job 19:25-27).

Grata certeza la de Job, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, quien, sin embargo, llega el día en que se percata de que hablaba de lo que no entendía, de cosas demasiado maravillosas que no lograba comprender; que de oídas había oído de Dios, pero que ahora podía ver; ahora que se encontraba en la total carencia, sin ninguna seguridad en sí mismo, sin una seguridad arraigada y fundada en sus méritos, en su moral, en su ética, en su religiosidad, en sus bendiciones legítimamente logradas.

Quiera Dios, que es rico en misericordia, ayudarnos a aprender de Job, y responder al amor de Dios de pura gracia, sin méritos ni merecimientos por nuestra parte, con un amor igualmente de gracia, para Él y para nuestro prójimo.

Amigo, amiga, religioso-a, temerosa-o de Dios, ¿en qué o en quién se funda tu seguridad de salvación (perdón de pecados y vida eterna)? ¿En tu religiosidad, en tus méritos, en tus conceptos éticos y morales, en tus obras buenas, en tu dignidad? ¿Has oído hablar del Señor o le conoces? ¿Has experimentado un encuentro personal con Jesucristo? ¿Conoces a Jesús como tu único Señor y Salvador personal, eterno y todo-suficiente?

"Jesús a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre , ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios... Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios... PORQUE DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE HA DADO A SU HIJO UNIGÉNITO, PARA QUE TODO AQUEL QUE EN ÉL CREE, NO SE PIERDA, MAS TENGA VIDA ETERNA." (Evangelio según S. Juan 13:3, 16).

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." (Efesios 2:8-10).

Tú puedes hoy reconocerte pecador-a, pedir perdón al Señor, y recibir a Jesucristo en tu corazón como tu Señor y Salvador personal. Él, Jesucristo, ocupó tu lugar (y el mío) en aquella Cruz del Gólgota. Allí recibió el Señor Jesús - el Justo- el castigo que nosotros -los injustos- merecemos. Te sustituyó por amor. Y la Escritura afirma que "EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN; PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE PODAMOS SER SALVOS." (Hechos de los Apóstoles 4:12).

Que Dios te bendiga y te ayude en tu decisión y seguimiento. Amén.

Pr. Joaquín Yebra.