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EL MISTERIO DE LA PIEDAD

"Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria." (1ª Timoteo 3:16).

La introducción a este texto dice: "E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad." Este es el misterio por excelencia

"Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo... Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso." (Colosenses 2:2; 4:3).

DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." (Juan 1:1).

El propio Señor Jesucristo nos dice cómo fue encarnada en él la naturaleza divina:

"Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste." (Juan 17:8).

Y lo que es más: Jesús nos muestra la encarnación como un organismo del cual el Padre y el Hijo son los primeros miembros del cuerpo:

"Yo (Jesús) en ellos, y tú (el Padre) en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo crea que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado." (Juan 17:23).

Este es el núcleo al que continuamente son añadidos nuevos miembros por la predicación del Evangelio y la acción regeneradora y dadora de vida espiritual del Santo Espíritu de Dios. Al ser añadidos al cuerpo, los que hemos creído pasamos a ser portadores del testimonio, convertidos en carne del Mesías, y hueso de sus huesos; es decir, miembros del cuerpo de su resurrección:

"Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos." (Efesios 5:3).

Este es el misterio de la piedad. Y lo maravilloso es que somos llamados, no sólo a huir del justo juicio de Dios que viene a la tierra sobre los hijos de desobediencia, sino que la salvación que se nos ofrece y regala en Cristo Jesús tiene por meta que pasemos a formar parte de un cuerpo en el cual mora, por el Espíritu Santo, nada menos que Aquel en quien la naturaleza divina se manifestó en carne:

"Y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." (Juan 1:1b, 14).

Esto significa que Dios no ha querido que esta manifestación en carne cesara con la ascensión gloriosa del Verbo encarnado a la gloria del Padre, a la diestra de la Majestad en las alturas, sino que la manifestación de la gracia y de la verdad continuaran en el cuerpo de Jesucristo en la tierra, en la iglesia del Señor. Pero, naturalmente, esto implica no sólo testimonio, sino también pruebas:

"Como me envió el Padre, así también yo os envío." (Juan 20:21b).

El Señor nos confronta con la verdadera naturaleza de nuestro llamamiento. Por eso es que no debemos olvidar que la primera y fundamental razón de nuestra vocación, de nuestro llamamiento, es que seamos manifestación de Jesucristo en carne:

"Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia." (Efesios 5: 30-32).

El llamamiento de la iglesia como cuerpo de Cristo, del cual todos cuantos hemos nacido de nuevo somos miembros, cada uno en particular, y al mismo tiempo miembros los unos de los otros, es el de mantener aquí en la tierra el testimonio de la presencia viva del Señor:

"¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? (1ª Corintios 6:15a).

"Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo." (1ª Corintios 12:12).

"Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular." (1ª Corintios 12:27).

"... porque somos miembros los unos de los otros.!" (Efesios 4:25b).

La iglesia de Jesucristo se revela en las páginas del Nuevo Testamento como cuerpo para el mantenimiento en este mundo del testimonio de la presencia del Señor, el Cristo de Dios, la plenitud de Aquel que todo lo llena:

"... la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, LA CUAL ES SU CUERPO, LA PLENITUD DE AQUEL QUE TODO LO LLENA EN TODO." (Efesios 1:19-23).

Pero volvamos al texto que nos ocupa: "DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE; DIOS FUE JUSTIFICADO EN EL ESPÍRITU" (1ª Timoteo 3:16).

¿Qué significa esto? Creo que esta justificación en el Espíritu hace referencia al levantamiento de nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos. ¿por qué? Porque Jesús fue declarado "justo" en su resurrección:

"Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro." (Romanos 5:19-21).

"Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor." (1ª Corintios 1:30-31).

Volvamos a 1ª Timoteo 3:16: "DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE... DIOS FUE JUSTIFICADO EN EL ESPÍRITU... DIOS FUE VISTO DE LOS ÁNGELES..."

Así fue después de la resurrección de nuestro bendito Señor y Salvador. Y esa realidad nos alcanza a nosotros también, como iglesia, como cuerpo de Cristo:

"Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales." (Efesios 3:10).

Aquí hallamos una contundente declaración de que Dios está enseñando a los principados y potestades angélicas su obra en el cuerpo de Cristo, en la iglesia.

Volvamos de nuevo al texto de 1ª Timoteo 3:16: "EL SEÑOR (DIOS) FUE PREDICADO A LOS GENTILES Y CREÍDO EN EL MUNDO." Una traducción literal sería "Dios fue proclamado entre las naciones"; es decir, entre los gentiles, lo cual concuerda con las palabras del apóstol Pablo a los Efesios, lo cual forma parte integrante del misterio:

"Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dada según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo. (Efesios 3:5-8).

Los gentiles somos, en Cristo Jesús, coherederos con los judíos de las promesas de Dios. Ese, precisamente, fue el ministerio de Pablo por excelencia:

"Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad." (1ª Timoteo 2:7).

Efectivamente, el Señor fue predicado a los gentiles y creído en el mundo. Ahora, el siguiente paso en esta progresión es la aceptación de Jesucristo como Salvador en el mundo:

"La esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad... Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro." (Colosenses 1:5-6, 23).

"Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo." (Romanos 1:8).

Volveremos de nuevo al texto base en 1ª Timoteo 3:l6: "EL SEÑOR FUE RECIBIDO ARRIBA EN GLORIA". Así fue con Cristo Jesús, la cabeza del cuerpo, y así será con el resto del cuerpo, del cual los redimidos formamos parte. Esto acontecerá en el gran día de Dios, con la venida de Cristo Jesús como Mesías triunfante.

Los acontecimientos señalados en la Palabra de Dios sucederán más rápidamente de lo que muchos esperan:

"Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón." (1ª Tesalonicenses 5:2-4).

Dios fue manifestado en carne, en la carne de Jesús; Aquel a quien un día recibiste en tu corazón como Señor y Salvador personal, eterno y todo-suficiente.

Dios fue justificado en el Espíritu, por quien fue levantado en Cristo de entre los muertos. Dios fue visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, y recibido arriba en gloria. Esa es también nuestra vida y nuestra esperanza. El Señor ha venido a vivir en nuestra carne, hemos sido sellados por y con el Espíritu Santo, los ángeles lo han visto en el cuerpo de Cristo glorificado, y también en su iglesia; hemos sido enviados a predicar entre las gentes; hemos comprobado que el Señor era y es creído en el mundo. Y del mismo modo que el Señor fue recibido arriba en gloria, así lo seremos cuantos hayamos recibido con arrepentimiento y fe a Jesucristo como nuestro único Señor y Salvador personal, eterno y todo-suficiente.

Ese es el misterio de la piedad. Amén.

Pr. Joaquín Yebra.