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EL RENUEVO

 

 

El profeta Zacarías nos da un relato de una visión que el Señor le concedió. El texto se halla en Zacarías 3: 1-10:

1Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. 2Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? 3Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. 4Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. 5Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.

6Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: 7Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar. 8Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo. 9Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos; he aquí yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día. 10En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera.

La visión está llena de figuras simbólicas de una gran riqueza y colorido:

"Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. HE AQUÍ, YO TRAIGO A MI SIERVO EL RENUEVO."

En los diez versículos que componen este capítulo 3 del libro del profeta Zacarías nos llega una cantidad notable de información. Pero en este breve estudio vamos a centrarnos en la última parte de este versículo 8: "He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo".

Este es uno de los títulos mesiánicos menos conocidos: "El Renuevo". Se trata, evidentemente, de una figura vegetal, de naturaleza botánica, vinculada al Edén, a la Nueva Jerusalem y al Árbol de la Vida.

¿Quién es este "Renuevo"?

"He aquí que vienen días, dice el Señor, en que levantaré a David RENUEVO JUSTO, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra." (Jeremías 23:5).

"En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un RENUEVO de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra." (Jeremías 33:15).

El Renuevo ya fue profetizado desde antiguo. En Isaías 4:2, la figura del Mesías y la figura del pueblo se abrazan y funden:

"En aquel tiempo el RENUEVO del Señor será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel." (Isaías 4:2).

Más adelante, en el mismo libro del profeta Isaías va completándose el cuadro del Renuevo:

"Subirá cual RENUEVO delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos." (Isaías 53:2).

Y en Zacarías 6:12, el Renuevo aparece como "constructor" del templo del Señor. Ahora bien, el templo del Señor es el lugar de la habitación de Dios con su pueblo. No se trata del lugar de la habitación del Señor, sino del Señor-con-su-pueblo, por cuanto Dios no habita en templos

Hechos con manos humanas:

"AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas." (Hechos de los Apóstoles 17: 23-25).

¿Quién es, pues, el Renuevo, y de qué templo será constructor?

"He aquí que vienen días, dice el Señor, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra." (Jeremías 23:5-6).

"He aquí vienen días, dice el Señor, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un RENUEVO de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalem habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra." (Jeremías 33:14-16).

Así fue reconocido el Señor Jesús en su entrada triunfal en Jerusalem:

"Decid a la hija de Sión: He aquí, tu Rey viene a ti... Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando entró él en Jerusalem, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?" (S. Mateo 21: 5, 8-10).

El propio Señor Jesucristo se describe como "Renuevo" antes de su crucifixión:

"Porque si en el ÁRBOL VERDE hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?" (S. Lucas 23:31).

"Árbol verde", "rama verde", "rama tierna", "nuevo brote", "renuevo", son figuras sinonímicas.

Si alguno está en Cristo Jesús, también es un nuevo brote, un renuevo, una nueva criatura: " De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." (2ª Corintios 5:17).

El Dios Eterno nos ha visitado en Jesucristo para bendecirnos con su amor y su perdón. El Salmista lo ha cantado en el Salmo 65:

"Visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces; con el río de Dios, lleno de aguas, preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, haces descender sus canales; la ablandas con lluvias, bendices sus renuevos". (Salmo 65:9-10).

También el profeta Isaías canta la visita de Dios sobre su pueblo:

"Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas... Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme." (Isaías 44:3-4; 60:21).

A la luz de estos textos y la realidad de nuestros días resulta evidente la urgente necesidad de experimentar una renovación profunda:

"Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente." (Salmo51:10-12).

"Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día." (2ª Corintios 4:16).

"Y renovaos en el espíritu de vuestra mente." (Efesios 4:23).

"Revestíos del nuevo hombre, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno." (Colosenses 3:10).

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta." (Romanos 12:2).

No olvidemos que la renovación no es algo optativo, a gusto del consumidor, sino que se trata de parte integrante del plan de Dios para nuestra salvación:

"Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador." (Tito 3:4-6).

Pidámosle al Señor que en su gracia y por su misericordia seamos renovados como plantío de Dios... Pidámosle lluvias que ablanden nuestra tierra seca y árida... No tengamos ninguna duda al respecto: El Señor quiere bendecir sus renuevos; el Señor quiere derramar su lluvia y hacer resplandecer su rostro en el sol de justicia que es nuestro Señor Jesucristo, imagen misma de la sustancia divina.

El Señor quiere que llevemos fruto y fruto en abundancia, para que nuestro gozo y nuestra alegría sean en Él y por Él.

El Señor quiere pastorearnos; conducirnos a las aguas de reposo...

Hemos sido injertados en el Renuevo para ser renuevos. Amén.

J.Y.