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EL ROCÍO DEL CIELO.

 

Hay miles de promesas en la Palabra de Dios, pero sólo una es llamada "la promesa del Padre":

"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto." (Lucas 24:49)."Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí... Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado (Jesús) esto que vosotros veis y oís... Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare." (Hechos 1:4; 2:33,39).

"Cristo nos redimió... para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu." (Gálatas 3:13, 14). "En él (Cristo) también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria." (Efesios 1:13-14).

La promesa del Espíritu Santo es el Santo Espíritu de Dios. La Bendita Persona es el don de la ascensión de Jesucristo. Es el "Rocío de Dios".

EL ROCÍO ES REFRESCANTE.

"El favor (del rey) es como el rocío sobre la hierba", dice Proverbios 19:12. Y la voz hebrea traducida por "favor" es "ratsón", término que significa no sólo "favor", sino "buena voluntad", "don agradable", y que nos llega de una raíz que tiene el sentido de "satisfacer", "ser grato", "agradar" y "colmar de bendición". ( Salmos 19:14; 40:8; 145:16).

EL ROCÍO ES BENEFICIOSO.

"Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición y vida eterna." (Salmo 133:3). El monte Hermón no parte de una meseta, sino desde el mismo nivel del mar. El vapor, bajo los rayos intensos del sol, cubre todo el valle del río Jordán, ascendiendo durante las horas del día. Este vapor entra en contacto con las laderas nevadas del monte Hermón, congelándose rápidamente, y precipitándose durante las horas de la noche en forma de rocío, en cuantía inigualable a cualquier otro lugar de la tierra. Así es como el rocío de Hermón lo penetra y satura todo, fertilizando todo el valle del Jordán.

EL ROCÍO ES PRECIOSO.

Lo mejor del cielo es comparado al rocío. Por eso lo hallamos en las bendiciones de Isaac a Jacob, y de Moisés a la tribu de José: "Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto." (Génesis 27:28). "Bendita de Jehová sea tu tierra, con lo mejor de los cielos, con el rocío." (Deuteronomio 33:13).

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EL ROCÍO SATURA.

Cuando Gedeón quiso probar al Señor, le pidió que el rocío empapase el vellón de lana, y que el suelo a su alrededor quedara seco. A la mañana siguiente, Gedeón exprimió el vellón y sacó de él el rocío de la noche: "Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua." (Jueces 6:37-38).

No hay lluvia sin nubes, ni rocío sin sol. La mañana de rocío siempre sigue al día en que el sol ha caldeado la tierra. Y cuando el suelo se enfría más rápidamente que el aire que lo rodea, el aire se satura de humedad, hasta no poder retener más, haciendo que el vapor descienda, tal como era al principio de la creación, en la primera tierra, antes del Gran Diluvio de los días de Noé. Así desciende el Santo Espíritu de Dios, como el rocío del cielo.

EL ROCÍO OCULTA Y SACA A LA LUZ.

Mientras el rocío reposaba sobre el suelo, el maná permanecía oculto, pero cuando el rocío era exaltado, el maná quedaba expuesto, revelado: "Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él... Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra." (Números 11:9; Éxodo 16:14).

Mientras el hombre está seco, no puede verse la sangre -la vida- de Jesucristo. Pero cuando el Espíritu Santo -rocío del cielo- desciende en forma de lluvias de gracia, Cristo Jesús comienza a ser revelado en nosotros: "El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como la lluvias sobre la hierba." (Miqueas 5:7). "Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba." (Deuteronomio 32:2).

EL ROCÍO-PROMESA: NUESTRA MAYOR NECESIDAD.

Desde el día de nuestro nuevo nacimiento, al entregar el corazón a Cristo Jesús como Salvador y Señor, hasta el día de la Resurrección, el Espíritu Santo, como rocío del cielo, quiere llenarnos para que Jesucristo sea visto en nuestras vidas. Como el rocío desciende sobre la hierba, y no queda sin visitar ni una sola brizna, por diminuta que sea, tampoco hay dimensión del fiel creyente que el Santo Consolador no quiera impregnar. Él Señor busca saturar todas nuestras facultades y pasiones con el rocío del cielo... Esa es la promesa del Padre:

"Porque Jehová me dijo así: Me estaré quieto, y los miraré desde mi morada, como el sol claro después de la lluvia, como nube de rocío en el calor de la siega." (Isaías 18:4).

Amén.